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La aventura de estudiar y trabajar sin morir en el intento

2012-01-02

Una cosa es estudiar y palabras mayores es estudiar y trabajar al mismo tiempo. No son muchas las personas dispuestas a realizar este sacrificio ni son aptas para llevarlo a cabo. Por ello, es necesario tener en cuenta algunos consejos para salir bien parados de esta travesía. Publicado el 23 de diciembre de 2011 en La Tercera. Por Rita Núñez

LAS FESTIVIDADES de diciembre y el mismo término del año traen consigo el cansancio acostumbrado y la necesidad de vacaciones. Es una rutina que se repite para la mayoría de las personas. Sin embargo, hay otras que ven redoblada esta carga, pero no tan solo al término del año, sino que durante 10 meses, por lo menos, por el hecho de estudiar y trabajar a la vez.

Esto hace preguntarse si es recomendable dedicarse al mundo laboral y al académico al mismo tiempo. Ante ello, el licenciado en Sicología de la Universidad Andrés Bello, Sergio Lisboa, plantea que en términos de maduración, de la adquisición de hábito y la formación de valores, como la responsabilidad, sí puede ser aconsejable. “Sin embargo, no es condición sine quanon”, advierte, sino que lo ideal “sería poder dedicarse post salida del colegio a la formación académica y humana”.

Sin duda, esta es una situación de alta exigencia para cualquier persona. Por ello es probable que quien trabaje y estudie “presente por períodos prologados algunas manifestaciones clínicas como cansancio continuo, dificultades en su rendimiento académico, mediadas por alteraciones en su concentración y memoria, así como síntomas ansiosos reactivos, entre otros”, precisa el siquiatra Rodrigo Correa, especialista en trastornos del ánimo.

Y no se trata de un asunto de edad, ya que, como explica Correa, los rendimientos cognitivos entre adultos sanos no son significativamente diferentes al comparar personas de la tercera edad con sujetos más jóvenes.

Para Sergio Lisboa, todo dependerá de la persona, porque si bien se supone que mientras más joven hay más energía para poder realizar esta doble labor, es importante el carácter, la disposición, el estado de ánimo y su forma de enfrentar la vida.

Organización del día a día

Planificación, orden y disciplina. Son las tres palabras que debe tener presente cualquier persona que desee estudiar y trabajar, según Sergio Lisboa. “Con estas formas de hacer, se ahorra tiempo a mediano plazo y se ve facilitada la administración del tiempo”, dice el licenciado en Sicología.

El siquiatra Rodrigo Correa también recomienda el uso de listados de actividades prioritarias para cada día, ya que ello permite focalizar las energías y no dispersar la atención. También considera conveniente limitar el número de actividades diferentes asignadas a cada día y reconocer “la necesidad de abandonar la autoexigencia desmedida a la hora de intentar una organización saludable de nuestro tiempo”.

Pese a que Lisboa aclara que no existen recetas generalizadas coincide con los consejos de Correa: “A mí, por ejemplo, me sirvió mucho hacer cartas Gantt para planificar y organizar: una para el trabajo y otra para los estudios. Esto, sumado al uso de agenda, iPhone o cualquier herramienta de administración del tiempo, me fueron de mucha utilidad”.

Cómo enfrentar el estrés

Es posible tomar varias medidas para evitar llegar a estados extremos de estrés. Unas de las más importantes es intentar mantener actividades recreativas, así como conservar el sueño de al menos seis a ocho horas por noche.

También es recomendable “lograr distinguir, tanto en lo académico como en lo laboral, las actividades de mayor importancia de las que no lo son. Y consultar precozmente a un especialista en caso de presentar síntomas ansiosos o depresivos”, señala Rodrigo Correa.

Asimismo, se puede acudir a técnicas de relajación de fácil aprendizaje, las que pueden ser muy útiles: “Actividades recreativas, como yoga o tai-chi se han asociado a mejorías en la calidad de vida y el control del estrés en sujetos vulnerables”, especifica el siquiatra.

¿Y qué hay de los medicamentos? Correa no es partidario de realizar intervenciones farmacológicas cosméticas, como él las llama, que están orientadas al control de síntomas reactivos aislados, pero sin promover cambios en el estilo de vida.

“Hay que realizar la distinción entre fármacos utilizados como potenciadores de funciones cognitivas o para el manejo del cansancio versus estos mismos fármacos usados en el contexto de una enfermedad psiquiátrica”, considera.

Y añade: “El primer caso representa una forma de uso inapropiado de sicofármacos en el contexto de lo que podría denominarse ‘ambición por rendimiento’. El caso más habitual es la utilización de sicoestimulantes para el manejo del cansancio, sueño o para mejorar la atención de individuos que no presentan trastornos atencionales”.

Por el contrario, asegura que resulta más conveniente modificar los factores responsables de los síntomas que incidir solamente sobre expresiones sintomáticas aisladas.

Cuidado con estos síntomas

Un organismo estresado continuamente desde lo físico y mental podrá presentar múltiples manifestaciones. Así, desde el punto de vista físico, “se observa una liberación aumentada de sustancias como noradrenalina, la cual presenta un efecto sobre el sistema cardiovascular, pudiendo generar alzas en la presión arterial y expresiones clínicas, tales como palpitaciones, sudoración excesiva, sensación de angustia y un estado de hiper alerta”, precisa el siquiatra.

Asimismo, Correa da cuenta de que es frecuente observar también expresiones relacionadas a una afección transitoria del sistema inmunitario, como mayor proclividad a presentar infecciones intercurrentes o reactivación de cuadros herpéticos mucocutáneos.

“Otra expresión clínica habitual es la somatización o aparición de síntomas físicos que no logran correlacionarse con una enfermedad específica. Dentro de los más frecuentes se encuentran los cuadros gastrointestinales como diarrea crónica, episodios vertiginosos o cuadros dolorosos inespecíficos a nivel musculo-esquelético”, advierte el especialista.

En tanto, desde el punto de vista mental, “es posible observar manifestaciones derivadas de una disrregulación neuroquímica de regiones cerebrales asociadas a angustia, alteraciones en la cognición y la afectividad”, afirma Correa.

¿Salirse o continuar?

Ninguna de las dos. Cuando se está en un momento en que no se puede más, existe una alternativa intermedia y es la que recomienda Rodrigo Correa: congelar los estudios. “Muchas veces la persona tiene un genuino interés y gusto por aquello que estudia, pero las consecuencias físicas y mentales lo inclinan a tomar una decisión poco asertiva. Por otra parte, resulta más educativo comprender nuestros errores, recuperarnos y luego continuar nuestro proyecto con las modificaciones necesarias para evitar un nuevo episodio como el vivido”, opina el siquiatra.